La cultura es una tienda: Dario Jaramillo Agudelo, Gerente Cultural del Banco de la República

 

 

EL MINISTERIO Y LA GERENCIA CULTURAL DEL BANCO DE LA REPÚBLICA

 

Como dijo Fernando Quiroz, editor cultural de El Tiempo, el asunto del Ministerio de Cultura se enfrió con la inauguración del gobierno Samper, cuando el Primer Mandatario repitió en su discurso las frases que había dicho en el Foro de Barranquilla: el Ministerio de Cultura será, por encima de cualquier eufemismo, el Ministerio de la Paz.

 

El presidente Samper es intolerante al ignorar las opiniones de Gabriel García Márquez, quien tampoco comparte la idea. ¿Cómo podría haber un debate sobre el asunto cuando el Presidente Liberal (¿?), en vez de ofrecer un espacio a las voces que se oponen a la creación del Ministerio, las desconoce, y con todo su poder sostiene, ante un mundo atónito y perplejo que nuestra riqueza, que es nuestra diversidad, es también nuestra gran tragedia...?

 

Ante frases como esta, que parecen tomadas de un catecismo del sectarismo ["Dios existe porque así está revelado"], no queda más que el silencio, la obediencia o la disposición, tan en boga hoy, de engrosar las filas del adversario si la derrota ha sido imposible. Así lo ha hecho, con un fervor inigualable, Oscar Collazos, a quien parecía disgustarle el Ministerio, pero quien, ante la contratación de Ramiro Osorio como diseñador de la criatura, ha decidido entonar la oportuna lisonja y decir que si bien no podemos impedir su gestación, lo mejor será contribuir a que el monstruo no nazca tan horrible. Para Osorio, dicho sea al paso, un Ministerio de Cultura debe ser una suerte de Colcorupta más hambrienta y más repartidora, que sirva, como lo ha expresado en otras ocasiones, para "representar e interpretar, mediante lo imaginario y lo simbólico, la realidad, los deseos y las demandas de los colombianos". Es decir, un Ministerio del Alma Nacional, con él como Sumo Sacerdote de la Farándula. Vaya con los intelectuales colombianos, que tan bien retrató Jorge Gaitán Duran:

 

"No podía esperarse otra cosa -dijo el poeta en La Calle en 1959 - de un ambiente donde para hacer carrera hay que cumplir cienos requisitos de servilismo, adulación e hipocresía y donde las gentes confunden estos trámites, esta ascensión exacta y previsible, con la política. Sin duda el fenómeno del arribismo se produce en todas partes y no sólo en el ajetreo electoral, sino también en la vida económica y en la vida cultural, pero aquí ha tomado características cuyo estudio tendría que empezar por la influencia que la crisis del país y de los partidos políticos ejerce sobre el trato social, sobre la comunicación en la existencia cotidiana. Resulta significativa la frase que un político de las nuevas generaciones usa a menudo: Voy a cometer mi acto diario de abyección, fórmula que exhibe la decisión de obtener a todo trance un puesto de ministro, de parlamentario, de orientador de la opinión pública, en fin, de ser alguien, de parecer."

 

Porque la tragicomedia de un Ministerio de la Cultura en Colombia no serán sólo los miles de millones de pesos de los contribuyentes que irán a parar a las arcas de los multimillonarios empresarios de la cultura y los bolsillos de los empleados venales (-un informe reciente de la OIE de la PGN dice que en los últimos tres años se ha podido comprobar el enriquecimiento ilícito de unos 182 funcionarios que se ingurgitaron 11.961.292.707 de pesos, pero cuyo monto puede ser "cuatro o cinco veces mayor")-, sino que desde allí, y no me cabe la menor duda, se repartirá el más riguroso garrote y ninguneo contra todos aquellos que no muestren docilidad y adición a las ideas y propósitos del Ministro de turno. Como ha sucedido con el Ministerio de Agricultura, los beneficiados serán los latifundistas de la cultura, y para los aparceros apenas sobrará el exilio del campo a la ciudad, y en la ciudad, a morir de hambre. Aquí no se sanarán heridas ni se curarán pestes. Entre sus dependencias no habrá salas para el reposo y la tranquilidad sino cámaras para los choques eléctricos y quirófanos donde coser la boca del irreverente y el relapso. Una legión de enfermeros y enfermeras del alma nacional, entrenados en las mansiones poéticas del régimen, se dispone a colocarnos la Gran Camisa de Fuerza y el Silencio.

 

Lo que vendrá ya se ha ensayado en los últimos gobiernos a través de esa medusa llamada Gerencia Cultural del Banco de la República, un aparato de distribución de favores y garrote a quien, ni el mismísimo Nadie puede cuestionar.

 

Dario Jaramillo Agudelo estuvo 22 años como Gerente Cultural del Banco de la República.

 

   Con la peregrina idea de que un Banco Central debe meter la nariz en todo lo divino y lo humano y no sólo en la regulación y emisión de la moneda, los cambios internacionales y el crédito y ser el último prestamista de los banqueros y agente fiscal del gobierno, la Constitución consagró en su artículo 371 al Banco de la República como persona jurídica de derecho público, con autonomía administrativa, patrimonial y técnica, sujeto a un régimen legal propio. Es decir, un Estado dentro del Estado, con un súper Ministerio de la Cultura sin poder humano ni político que ejerza un control previo de sus actos.

 

   Porque lo que no saben los colombianos es que desde 1973 el Banco de la República interviene, y de qué manera, en el diseño del perfil cultural del país. La Biblioteca Arango no sólo controla, dispone, empasta y dictamina qué libros pueden comprarse [-de éste compremos uno, de aquél dos, pero del que acaba de sacar ese muchacho de Medellín tan buen mozo y musculado y complaciente que sean 250 ejemplares al precio que él diga-] y guardarse para la consulta de los colombianos y el intercambio con el mundo entero, sino que también existe una entidad que adquiere y exhibe cuadros, otra que contrata músicos y música, otro que adquiere y exhibe vasijas de oro, varias fundaciones que se dedican a la guaquería y la arqueología o la restauración y conservación de inmuebles, y como si fuera poco, tiene una revista [-no se olviden de enviarle los dólares a ese muchacho peruano con apellido irlandés que conocí en San Luís y que es tan obediente y que siempre tiene en cuenta los papelitos que le escribo para que hable mal de los poetas que no me gustan"] para descalificar y borrar del mapa a todos aquellos autores que opinan diferente al Gerente Cultural, o que escriben poemas que mortifican la egolatría y la soberbia de la inseparable de Genoveva Samper, y tiene, léase bien, no una, sino 19 sedes en provincia, donde se repite la infamia, ninguneando a todo aquel que en los departamentos piensa distinto, toca diferente, pinta con otros colores o prefiere la compañía de las mujeres.

 

   Ahora bien, sólo un despistado, como un ciudadano francés que trajeron con plata del contribuyente para que aconsejara no cerrar la Gerencia Cultural, puede comerse el cuento de las labores patrióticas de un Banco Central que tiene un déficit de más de 200 mil millones de pesos. Nada de patriotismo hay en la elitización de las Roscas del Piano y el Armonio, los Prebendados de la Excavación Profunda, los Condados del Oleo y la Espátula y las Mansiones Poéticas, las Reinas Líricas y los Bufones del Verso que ha entronizado, como sabañones en el pie de los gremios de artistas y escritores, el Gran Zar de la Gerencia Cultural del Banco de la República de Colombia.

 

   Numerosas son las quejas de músicos, pintores, investigadores, escritores, politólogos, colombianistas, urbanistas, filósofos, cantantes de ópera y de tango, percusionistas, folkloristas, maquilladores y hoteleros acerca del carácter antidemocrático de los actos del Puntero Derechista de la Palabra y Presidente por Elección Popular del Verso más Enamorado, a quien sólo el Congreso de la República, puede preguntar cómo, por qué, cuándo y dónde reparte las colinas de dinero que tiene presupuestado el Banco cada año para su sector cultural.

 

Dario Jaramillo Agudelo, el Gerente de las Tijeras según Grosso

 

   Ni la Biblioteca Arango presta servicios serios y ciertos al país ni a la bibliotecología: se trata de una sala de consulta de fechas y mapas para muchachos de escuela, con un sistema de solicitud de materiales y una clasificación tan deficientes que un lector no avisado necesita de toda una mañana para encontrar un ejemplar desocupado de las Memorias de un revolcón o Que mi alma se la lleve el diablo; ni hay libertad en la exhibición de pinturas: recuerde el lector los usos de la tijera durante una muestra de ExLibris y la pena que iba a pasar, por Dios, la gente decente viendo esos cuadros, dejando colgar sólo aquellos donde no aparezca el pene, doctor, el pene de los hombres; ni se contrata a los músicos y cantantes disidentes, ni se fomenta la investigación de aquellos que no se someten al escrutinio mental del Gerente Cultural, ni nada de nada.

 

   [En cuanto a los diferentes comités decisorios de artistas y programas -ha escrito el maestro Rafael Payana- el doctor Jaramillo esquiva la verdad y escudándose detrás del secreto impuesto por tan poderosa institución como es el Banco de la República, evita señalar abiertamente a sus integrantes. Aunque quiera ocultarlo es "vox populi" que durante los últimos años han formado parte de dichos comités los críticos musicales y varios músicos que han actuado frecuentemente en la Sala Arango. Esta "combinazione" no sería de recibo en otros países civilizados. Lo mismo en el Comité de Artes Plásticas, varios de cuyos miembros son críticos y artistas conocidos que gozan adicionalmente del privilegio de exponer en los salones de la Biblioteca... Nada de esa es considerado ético, por incompatibilidad de cargos... Es como tener las manos en la masa y comerse el pan...]

 

Juan Camilo Sierra Restrepo el todo poderoso curador de las exposiciones de Darío Jaramillo Agudelo en la Subgerencia del Banco de la República, y su socio en las editoriales Fondo de Cultura Económica y Luna Libros y el Centro Cultura Gabriel García Márquez.

 

   Sólo prebendas, favoritismos, exclusiones, persecuciones, ninguneo y perversidad es lo que produce esa Gerencia Cultural, que levantó en el centro de Bogotá una laberíntica pirámide de Babilonia cuyo único propósito fue, en últimas, la instalación, en los sótanos, de una librería ambulante para ofrecer los cientos de existencias de libros del llamado Fondo de Cultura Económica de México y los inaccesibles, por su precio, volúmenes de la editorial Pre-textos, donde terminara, por cierto, de ser divulgada la magna obra del sub-gerente de marras. Y un restaurantico, con precios de clase media y sabores de clase media y horarios de clase media, para una legión de muchachos bien parecidos y vestidos a crédito que sueñan con los libros, los cuadros, las músicas de alas y las vasijas de oro que nunca tendrán, a no ser que el todopoderoso los lleve a su inmensa oficina de enfrente, donde como Nabucodonosor reinara por un cuarto de siglo.

 

   Ya hay Ministerio de Cultura, y tiene Ministro Señor Presidente. No hay necesidad de crear otro.

 

La Prensa, Bogotá, Jueves 25 de Agosto de 1994.

 

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